30 Sep ¿Sabías que es posible caminar entre dos continentes?
Pocos lugares en el mundo te permiten algo tan extraordinario como caminar literalmente entre dos continentes. En el Parque Nacional Thingvellir, en Islandia, este fenómeno geológico cobra vida: es allí donde se encuentran —y se separan— las placas tectónicas de América del Norte y Eurasia.

Un inmenso camino de lava cruza el paisaje, flanqueado por formaciones rocosas que parecen cortadas con bisturí. Esa grieta natural, transformada hoy en sendero, marca el punto donde las placas se alejan poco a poco, año tras año. A un lado, puedes tocar la pared de la placa americana; unos pasos más allá, estarás tocando la euroasiática.

A lo largo del imponente cañón de Almannagjá fluye el río Öxará, que añade belleza a esta poderosa muestra de la fuerza de la Tierra. Desde 1930, Thingvellir es parque nacional, pero mucho antes ya era un sitio sagrado y político para los islandeses.

En la península de Reykjanes, este fenómeno se hace aún más evidente. Allí un puente cruza una fisura visible que separa ambas placas. A cada lado, letreros te dan la bienvenida a “Europa” o “Norteamérica”. Un paso, y cambias de continente. Así de asombroso.
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